jueves, abril 27, 2017

LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

 Para alcanzar la verdadera libertad tengo que ser completamente sincero ante el Señor, reconocer que estoy atado a diversas esclavitudes, desenmascararlas con toda claridad, y reconocer también que todavía no estoy dispuesto a entregar esos venenos. Sólo debo comenzar pidiendo al Espíritu Santo la gracia de desear la verdadera libertad interior.

Así, poco a poco irá surgiendo el deseo profundo y sincero de entregar esas esclavitudes. Entonces el Espíritu podrá hacerme libre, para que recupere la alegría, el dinamismo, la paz. Aunque yo todavía no sepa cómo, y aunque le tenga miedo a la novedad, el Espíritu Santo se encargará de hacerme alcanzar los mejores momentos de mi vida. Porque sólo el que tiene la libertad del Espíritu puede ser auténticamente feliz.

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Un pensamiento diario de San Agustín de Hipona

"Dios me hace bueno"
La misericordia de Dios vino a mí, antes de mis méritos. Incluso si no hubiera encontrado algo bueno en mí, Él me habría hecho bueno.

Es Dios el que justifica a los que se vuelvan al él y reclama a los que aún están lejos, para que se conviertan.  (Enarraciones sobre el salmo 58,2)

Oración - Señor, Mediador nuestro, Dios nuestro, hombre por amor nuestro, conozco tu misericordia. En tu amor por nosotros has elegido padecer. Ahora puedes consolar a los miembros de tu cuerpo que a causa de sus debilidades son sometidos a la prueba. Y puedes darles confianza en la desesperación. (Comentario al Evangelio de S. Juan 52,2)

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miércoles, abril 26, 2017

¿DESDE QUE FUNDAMENTOS SE CONSTRUYE LA BIOÉTICA?


       La bioética encuentra sus fundamentos cuando se pone ante una serie de preguntas que, implícita o explícitamente, cada uno responde a lo largo de su vida (a veces desde una continuidad de fondo, otras veces con cambios más o menos radicales).

        Esas preguntas tocan temas esenciales: la vida humana y su dignidad; el amor humano y su significado; el sufrimiento y la enfermedad; el inicio (cuándo empezamos a existir) y el final (el “momento” de la muerte); las relaciones con los otros seres vivos y con el ambiente.

        Se trata de temas muy amplios que no pueden ser abordados con precipitación. Las respuestas que se den a los mismos, sea de modo consciente, sea desde una orientación casi inconsciente pero no por ello menos importante, configuran cada uno de nuestros comportamientos.

        Desde que nos levantamos hasta que buscamos al final de la jornada unas horas de descanso, las acciones que emprendemos influyen sobre la propia vida (que será más o menos sana) y sobre las de quienes viven cerca o lejos. No existen, en cierto sentido, actos indiferentes, pues incluso las omisiones (no hacer, no molestar) a veces llegan a ser dañinas: muchas veces abandonamos a su suerte a personas necesitadas de asistencia alimenticia, médica o simplemente afectiva, porque preferimos invertir tiempo y dinero en asuntos de menor importancia.

        El estudio de la bioética busca iluminar, valorar, orientar, nuestros actos en orden a promover un mundo más saludable, más solidario, más atento a quienes sufren, más preocupado por una adecuada tutela del ambiente.

        Esto implica, primeramente, elaborar una antropología válida. Tal antropología necesita estar en diálogo con las más importantes propuestas filosóficas elaboradas a lo largo de los siglos, con los descubrimientos de la moderna psicología y de las ciencias biológicas y médicas, con los estudios sociológicos y pedagógicos. Al mismo tiempo, la antropología se confronta con las mismas personas que participan en la Universidad (profesores y alumnos) en cuanto cada uno tiene una cierta visión sobre su propia identidad y sobre la identidad de los otros: no es posible un estudio “neutro” de la antropología, pues a través de la misma revisamos y ponemos en claro las propias ideas sobre lo que somos en cuanto seres humanos.

        En segundo lugar, la bioética depende de una serie de principios éticos fundamentales. La ética , como la antropología, es presentada según modos diferentes y con teorías a veces claramente contrapuestas, lo cual dificulta el estudio de la bioética. Ante un panorama pluralístico, hace falta conocer al menos las principales teorías bioéticas en su relación con las éticas del pasado o del presente. Al mismo tiempo, la reflexión sobre la ética interpela a cada ser humano, a los profesores y a los alumnos de la Universidad, en cuanto que el reconocimiento de lo bueno y de lo malo permite juzgar nuestros actos y aquellos realizados por los demás.

        En tercer lugar, el estudio de la bioética está en una relación estrecha con materias afinas (algunas ya mencionadas al hablar de la antropología), especialmente con la medicina , la biología , y las ciencias ambientales . Ciertamente, al estudiar bioética no podemos afrontar simultáneamente tantas disciplinas. Afortunadamente, el mundo contemporáneo difunde numerosas ideas sobre estos ámbitos del saber, de forma que resulta posible elaborar una visión personal sobre lo que sea más adecuado para conservar la propia salud (y la de los cercanos), sobre la importancia del cuidado del ambiente, sobre el respeto correcto que merecen algunos animales, etcétera.

        En cuarto lugar, la bioética interpela y juzga las distintas maneras de organizar la sociedad, así como la corrección de las leyes establecidas (por escrito o de modo consuetudinario) en los pueblos. Ello implica tener ciertos conocimientos sobre el derecho , desde los cuales es posible analizar qué ámbitos de la vida han de ser objeto de atención por parte de las autoridades y cuáles deben ser dejados en manos de las opciones libres de las personas.

        Los debates continuos sobre la legalización o la prohibición de actos como el aborto, la eutanasia, el consumo de drogas, incluso los límites de velocidad o los modos correctos de construir escaleras antiincendio, muestran hasta qué punto la tutela de la vida exige una intervención concreta de los parlamentos y de las autoridades civiles. Las relaciones entre bioética y derecho han dado lugar a una subdisciplina, la biojurídica (o bioderecho) que ha ganado un creciente interés entre los estudiosos tanto de la bioética como del derecho.

         Esta simple enumeración puede crear la sensación de que la bioética es demasiado compleja y difícil de asimilar y de comprender. En realidad, cada ser humano ya tiene una bioética “precientífica” y “pretemática” en su corazón. Quienes evitan pisar a las hormigas al caminar, quienes buscan tiempo para acompañar a los enfermos en sus casas o en los hospitales, quienes acuden ante las clínicas abortistas para convencer a las mujeres para que no eliminen a sus hijos, lo hacen desde modos de valorar a los diferentes seres vivos sobre los que tiene mucho que decir la bioética.

        Cada uno, en resumen, depende de una visión antropológica, escoge unos principios éticos a la hora de actuar, tiene conocimientos más o menos precisos sobre la medicina y otras ciencias, y opina sobre política y sobre leyes. Por eso, la bioética necesita dialogar continuamente con las disciplinas que hemos evidenciado en estas líneas, para denunciar aquellas acciones que van contra la dignidad humana, y para promover comportamientos concretos que ayuden al hombre y que tutelen el ambiente en el que vivimos.

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martes, abril 25, 2017

JESÚS SALVARÁ A LA IGLESIA

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.

Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.

Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.

De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.

Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.

Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Recibid el Espíritu Santo”.

Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.

Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.
 José Antonio Pagola


 ORACION DE ACCION DE GRACIAS
Orar con el Evangelio
Señor Jesús, no dejes que la Pascua quede reducida a una conmemoración anual, al inicio del tiempo de las primeras comuniones.

     Hazte presente entre nosotros, renueva nuestra fraternidad,  haznos capaces de perdonar y de tener una mirada nueva sobre todas las cosas.

      Que nuestras misas no sean actos de culto rutinarios sino celebraciones siempre nuevas y gozosas de tu presencia resucitada en medio de nosotros.

      Que nuestras oraciones no sean un esfuerzo por calmar las angustias o una lista de necesidades que ponemos a tu consideración, el gozo de encontrarnos contigo.

     Que todo lo que compartimos, nuestros bienes y nuestro tiempo,  no lo vivamos como un sacrificio fatigoso sino como la consecuencia lógica y positiva del hecho de que todos participamos, desde ahora, de una nueva vida en ti.
P. Julián Montenegro Sáenz



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lunes, abril 24, 2017

Lectio Divina Segundo Domingo de Pascua

La gran alegría de Cristo Resucitado nos ha hecho entrar en un ambiente de gozo y de mirada hacia delante. Es como si se nos abriera un marco impresionante de luz y de esperanza mientras mantenemos y cantamos el Aleluia. Llegó el momento de la alabanza y así va a continuar un buen tramo de tiempo mientras somos capaces de confesar en la fe: Dios de misericordia infinita, que reanimas con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia.

En plena Pascua aparece hoy el dia de la Divina Misericordia. Cristo Resucitado es un presente y una presencia y hace “encuentro” con nosotros para que aspiremos y gocemos la paz y la verdad que Êl viene a darnos. El Amor de Dios que habita en nosotros es, junto al perdón que Él siempre nos otorga, la prueba más elocuente de la Pascua; no se le ve a Él, se nos ve a nosotros que amamos con su mismo amor generoso y constante. Por eso, dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Salmo 117). 

Estamos en Pascua y a la vez que se hace radiante la misericordia infinita, analicemos la dirección de nuestra fe que nos invita a encontrar el modo de ser felices desde la misericordia de Dios: No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo véis, y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado. Son las palabras del apóstol Pedro que nos manifiesta el contraste entre la vivencia de la alegría y la cruda realidad del sufrimiento y de la persecución. La fe en Jesucristo suscita una alegría que arrebata. Las vicisitudes propias del momento presente constituyen una oportunidad extraordinaria para hacer desarrollar una fe que se concentra exclusivamente en el amor entrañable a la persona de Jesucristo, en quien, una vez resucitado, está la fuente inagotable de la alegría y la primicia de la salvación.

Vista y vivida así la Pascua encontramos la forma de entender plenamente las palabras de Jesús en el evangelio:“Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto”. ¿Qué nos plantea esta afirmación? La última palabra de Jesús antes de la primera conclusión del evangelio de hoy es una bienaventuranza. El acto de fe de Tomás tiene sin duda un valor extaraordinario. es abrirse a la gracia de Dios  y obtener la vida eterna. Ver al Hijo ha sido un privilegio de los apóstoles. Quizá el evangelista recuerda aquellas palabras de Jesús: , Sin embargo, Jesús indica a continuación que también los que no le han visto físicamente pueden participar en la dicha de la fe,

Esta “bienaventuranza” que dirige Jesús a Tomás está en estrecha relación  con la pronunciada en la Cena: dichosos vosotros si lo hacéis. Lo que los discípulos han  de cumplir son las obras del servicio mutuo que expresa el amor y hace libres. Ese amor hace a Jesús presente, vivo y activo en nosotros.
Todo creyente, de cualquier época, tiene que ver al Señor y esa visión se realiza al experimentar la vida que él comunica; Vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. Es la comunicación del Espíritu la que produce esa clase de visión. La experiencia se perpetúa en la celebración de la Eucaristía y esa experiencia produce el conocimiento: la vida es la luz del hombre.

El evangelio queda abierto al futuro: dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer. Creerán por el mensaje de los discípulos, quienes continuarán manifestando en medio del mundo el amor de Jesús.

NUESTRA REALIDAD
Se nos presenta una hermosa realidad: la fe en Jesús vivo y resucitado consiste en reconocer su presencia  en la comunidad de los creyentes, que es el lugar natural donde él se manifiesta  y desde donde irradia su amor. Si recordamos al apóstol Tomás caemos en la cuenta de que es la figura de aquel (¿nosotros?) que no hace caso del testimonio de la Iglesia  ni percibe los signos de la nueva vida que en ella se manifiesta. En lugar de integrarse y participar de la fe, pretenden obtener una demostración particular desde sus propios argumentos. Y, lo más triste es que no buscan a Jesús, que es la fuente de la vida. ¡Cómo deberíamos agradecer al Señor el don de la fe y de la realidad que se nos señala con su gracia!

Recordemos: la fe es la búsqueda serena de Dios, que sale a nuestro encuentro y quiere penetrar en nuestro camino de la historia para dar sentido a nuestra vida. La confesión de Tomás es una respuesta lógica y de verdadera  experiencia de su vida, tema que a todos nos debe llegar al corazón ya que está en juego el seguimiento del Maestro. Ya no valen las medias tintas. Jesús ha resucitado y su victoria es un triunfo de alegría y de fuerza, de perdón y de gracia, un caudal impetuoso  de luz y de gozo que nos llega a todos y a cada uno de los que en Él creemos.

Llega a nosotros el gozo: Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. No es un canto sin más, es el Aleluia que suena con esplendor y que debemos repetirla una y mil veces.

EXAMEN y ORACION

¿Alguna vez nos hemos preguntado si somos testigos de Cristo? La pregunta no nos debe sorprender, la debemos plantearnos con valentía ya que está en juego la verdad de nuestra fe. Es fácil cantar repetidamente el Aleluia y pretender que con ello creemos y por ello manifestamos el gozo. El Señor dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. Estas últimas palabras son una invitación para provocar el acto de fe del discípulo y la respuesta de Tomás es la confesión más clara de la divinidad de Cristo: Señor mío y Dios mío.

Esta respuesta nos hace recordar las palabras del salmo 35, 23: Despierta, levántate en mi defensa, Dios mío y Señor mío, en mi causa. Dios nunca nos deja solos siempre que vayamos caminando en su presencia y con fe. La certeza de nuestro Dios no está solo en las palabras; la vida de fe debe hacernos expresar la presencia del Resucitado en nuestro corazón. Nunca mejor que recordar la oración después de la Comunión:Concédenos, Dios todopoderoso, que el sacramento pascual recibido permanezca siempre en nuestros corazones.

Puede ocurrirnos pensar que lo anterior está fuera de nuestro alcance y, si embargo, todo se nos pone a nuestro favor según nos dice san Pedro: No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación,

 CONTEMPLACION.       * UN CANTO a la MISERICORDIA de DIOS *
 ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre que revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que ? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en  alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrá de ser invocado para ser conocido? Pero <¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no les predicas?> Ciertamente, , porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.

Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido hay predicado. Invócate, Señor, mi fe, la fe que tú me diste  e inspíraste por la humanidad de tu Hijo y el ministerio de tu predicador (san AGUSTIN en  CONFESIONES I, 1).

ACCIÓN. Oremos: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti..

P. Imanol Larrínaga. OAR.

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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