viernes, octubre 20, 2017

¿QUÉ ES UN EMBRIÓN HUMANO?


 ¿Qué es un embrión humano? Para responder hace falta dirigir antes la mirada hacia otra pregunta: ¿qué es un embrión?

Entre los seres vivos, algunos se reproducen con un intercambio genético más o menos complejo. Con la ayuda de células especializadas y orientadas enteramente a la reproducción, llamadas gametos, esos seres vivos empiezan a existir cuando se fusionan adecuadamente dos gametos.

Así inicia la vida de cada embrión: desde los gametos de sus padres. Ese embrión es una nueva existencia, orientada a desarrollarse poco a poco. Si no hay obstáculos ni tiene graves defectos genéticos, con el pasar del tiempo alcanzará una estructura orgánica que conocemos como edad adulta.

 Es obvio que no todos los embriones alcanzan tal nivel de desarrollo. Muchos mueren en el camino. Como también es obvio que también los adultos (en este caso, todos, más pronto o más tarde) llegan al momento de su muerte.

 ¿Qué es, entonces, un embrión? Es un individuo que inicia a existir. Es un ser vivo en sus primeras fases de desarrollo.

Apliquemos esto al embrión humano. También éste se origina desde la unión de los gametos, de un óvulo y de un espermatozoide. Después de esa unión, inicia una serie de cambios profundos que lo llevan a un desarrollo vertiginoso.

 Si todo va bien, llegará al parto, a la lactancia, a la infancia... Su crecimiento durará años y años, hasta que un día sea reconocido como “adulto” ante la sociedad y ante la ley.

Dudas sobre los embriones humanos

 ¿Qué es, entonces, un embrión humano? Es un individuo en sus primeras fases de desarrollo. Y si todo individuo humano tiene dignidad y merece respeto, también lo tiene cada embrión humano. Que es, además, un hijo: muy pequeño, ciertamente, pero orientado a recorrer diversas etapas hacia la propia maduración.

Algunos, sin embargo, ponen en duda la dignidad de los embriones humanos. Los motivos pueden ser muchos, y los razonamientos más o menos complejos.

 Lo que se esconde detrás de esas dudas es el deseo de otorgar poder a los padres o a otros adultos (en clínicas de reproducción artificial o en laboratorios de investigación, por ejemplo) para disponer y usar de esos embriones con cierta libertad y sin problemas de conciencia.

En realidad, el uso o la destrucción de un ser humano para el beneficio de otros es un acto sumamente injusto, por ir contra su dignidad. Eso vale tanto si ese ser humano es un adulto o si es un embrión, si es rico o si es pobre, si tiene títulos o si carece de documentos.

El mundo moderno necesita abrir los ojos y ver a los embriones humanos como lo que son: hijos. Unos hijos, desde luego, muy pequeños y desprotegidos y, por lo mismo, necesitados de una mayor tutela.

Sólo si llegamos a reconocer a los embriones humanos como lo que son, romperemos mentalidades que buscan su uso y destrucción, y promoveremos sociedades inclusivas, acogedoras y auténticamente comprometidas en la defensa de un derecho fundamental que debe ser garantizado a cualquier ser humano: el derecho a vivir.
Fernando Pascual, L.C.  AutoresCatolicos.org
 

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jueves, octubre 19, 2017

Vidas humanas expuestas a toda suerte de manipulaciones


     En el mismo ADN de un embrión humano está ya presente toda la constitución de la persona: sistema nervioso, brazos, piernas, incluso el color de sus ojos. Y en el momento en que está compuesto solo de tres células, inmediatamente después de la fecundación, el individuo es ya único, rigurosamente diferente de cualquier otro. Nunca se ha dado antes y no se dará de nuevo nunca más; es una novedad absoluta. Como ha escrito Jérôme Lejeune, el embrión es un ser vivo; y procede del hombre; por tanto, el embrión es un ser humano. De ahí se deduce que no puede considerarse propiedad de nadie.

        Sin embargo, en los últimos años se ha desarrollado toda una industria basada en los embriones humanos. Y aunque muchas veces -no todas, ni la mayoría- se busque con ello fines más o menos dignos de elogio, se trata de una práctica éticamente reprobable, por varias razones, todas de bastante peso.

        Quizá una primera podría ser que, en el intervalo que va desde la fecundación en la probeta hasta el transplante, el hijo queda privado de la protección natural de la madre y, por tanto, expuesto a toda suerte de manipulaciones, gran tentación a la que el hombre no se resistirá (no se ha resistido) mucho tiempo.

        Por otra parte, para conseguir un implante válido se necesitan varios embriones. Los que no hayan sido utilizados, serán congelados y conservados en ese estado intermedio entre la vida y la muerte, en espera de que alguien se quiera quedar con ellos, o bien hasta ser destruidos después de un tiempo, a menos de que sean ofrecidos a la investigación como cualquier animal de laboratorio. ¿Es esto congruente con la dignidad humana?

        En este último supuesto, entramos en lo desconocido y en el horror. ¿A qué tipo de manipulaciones genéticas pueden llegar a ser sometidos? ¿Quién lo podrá evitar?

Alfonso Aguiló  www.interrogantes.net     

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miércoles, octubre 18, 2017

MARAVILLOSA CONVERSIÓN DEL MUNDO A LA FE DE CRISTO

Aunque no existieran profecías acerca de Cristo y de su Iglesia, ¿quién dejaría de creer que brilló de improviso para el género humano una divina claridad, cuando vemos los falsos dioses abandonados, sus imágenes destrozadas, sus templos destruidos o destinados a fines diversos, tantos ritos supersticiosos, profundamente arraigados en las costumbres populares, abolidos, y que todos invocan a un solo Dios verdadero? Y esto lo realizó un hombre por los hombres insultado, detenido, maniatado, azotado, despojado, cubierto de oprobios, crucificado, muerto. Eligió, para continuar su obra, unos discípulos humildes e ignorantes, pescadores y publicanos, que predicaron la resurrección del Maestro y su gloriosa ascensión, de la que ellos, según propia declaración, fueron testigos oculares; y, llenos del Espíritu Santo, anunciaron este Evangelio en lenguas que no habían aprendido. Algunos de los que oyeron la buena nueva, creyeron; otros se negaron a creer y se opusieron ferozmente a los predicadores y a los fieles, que lucharon por la verdad hasta la muerte, no haciendo mal, sino padeciéndolo con resignación; y vencieron, no matando, sino muriendo. Así se convirtió el mundo; así entró el Evangelio en el corazón de los mortales, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, sabios e ignorantes, prudentes y necios, fuertes y débiles, nobles y plebeyos, grandes y pequeños; y de tal manera se propagó la Iglesia por todas las naciones, que no hay secta perversa contraria a la fe católica, ni error tan enemigo de la verdad cristiana, que no usurpe y quiera gloriarse del nombre de Cristo. Por cierto que no le sería permitido manifestarse en el mundo si la contradicción no sirviera también para probar la verdadera doctrina.

Aunque nada de esto hubiera sido anunciado por los profetas, ¿cómo hubiera podido un hombre crucificado realizar tan grandes cosas si no fuera un Dios encarnado? Mas habiendo tenido este gran misterio de amor sus vates y predicadores, que por inspiración divina lo anunciaron, y habiéndose cumplido con absoluta fidelidad, ¿quién estará tan privado de la razón que diga que los apóstoles mintieron, predicando que Cristo ha venido como lo anunciaron los profetas, que no callaron la verdad de los hechos futuros referentes a los mismos apóstoles? De éstos habían dicho: No hay idioma ni lenguaje en el que no se oiga su voz; su pregón resonó en toda la tierra, y sus palabras llegaron hasta los confines del universo (Sal 18,4-5). Esto, ciertamente, lo vemos cumplido en el mundo, aunque no conocimos en carne a Cristo. ¿Quién, pues, que no padezca increíble ceguera intelectual o que no esté endurecido con increíble obstinación, rehusará dar fe a las sagradas Escrituras, que anunciaron la conversión de todo el mundo a la fe de Cristo?
F. Invis, VII, 10

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martes, octubre 17, 2017

LOS LIBROS DE LOS JUDÍOS PRUEBAN NUESTRA FE.



 Por qué no ha sido exterminada la secta de los judíos

Si tienen esta sospecha, examinen detenidamente los libros de los judíos, nuestros enemigos. Lean allí todas estas cosas de que hemos hablado, anunciadas de Cristo, en quien creemos, y de su Iglesia, que vemos desde los primeros trabajos en la propagación de la fe, hasta la eterna bienaventuranza del reino de los cielos. Cuando leen, no les sorprenda que los poseedores de esos libros, cegados por el odio, no entiendan estas cosas. Pues esta falta de inteligencia ya fue anunciada por los profetas, y debía cumplirse, como todas las demás profecías, para que los judíos, por secretos motivos de la divina justicia, reciban el castigo merecido por sus culpas. Aquel que crucificaron, y a quien dieron hiel y vinagre, aunque estando pendiente del madero, por amor de los que había de sacar de las tinieblas a la luz, dijo al Padre: Perdónales, porque no saben lo que hacen (Lc 23,34), sin embargo, a causa de los otros que, por secretos juicios divinos, había de abandonar, anunció mucho antes por boca del profeta: Echaron hiel en mi alimento, y cuando tuve sed, me dieron a beber vinagre; séales su mesa un lazo y su prosperidad un tropiezo; apáguese la luz de sus ojos para que no vean, y sus lomos estén siempre vacilantes (Sal 68,22-24). Con los ojos sin luz van por todas partes, nevando consigo las pruebas luminosas de nuestra causa, para que con ellas ésta sea probada y ellos, reprobados. Este pueblo judío no fue exterminado, sino dispersado por todo el mundo, para que, llevando consigo las profecías de la gracia que hemos recibido, nos sirva en todas partes para convencer más fácilmente a los infieles. Esto mismo que voy diciendo ha sido anunciado por el profeta: No los mates, por que no se olviden de tu ley; dispérsales con tu fortaleza (Sal 58,12). No fueron muertos porque no olvidaron lo que habían leído o habían oído leer en las sagradas Escrituras. Si, aunque no entienden esos libros santos, los hubieran olvidado completamente, habrían perecido con los ritos judaicos. Porque si los judíos no conocieran la Ley y los Profetas, para nada nos servirían. Por eso no fueron muertos, sino dispersados: para que sus recuerdos nos sean útiles, aunque ellos no tengan la fe que salva. En sus corazones son nuestros adversarios, y en sus Escrituras nuestros servidores y testigos.
F. invis, VI, 9

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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