lunes, abril 23, 2018

Meditación sobre la Resurrección de Cristo.

Papa Francisco: “Cristo ha resucitado”
Queridos hermanos y hermanas. ¡Buenos días!

        En el centro de este tercer domingo de Pascua está la experiencia que tuvieron los discípulos del Resucitado. Lo evidencia especialmente el evangelio y nos lleva una vez más al Cenáculo donde Jesús se manifiesta a los apóstoles dirigiéndoles este saludo: “Paz a vosotros” (Lc 24, 36). Se trata de la paz interior y de la paz que se establece en las relaciones entre las personas. El episodio relatado por el evangelista Lucas insiste mucho en el realismo de la Resurrección, Jesús no es un fantasma. De hecho, no se trata de una aparición del alma de Jesús sino de su presencia real con el cuerpo resucitado.

        Jesús se da cuenta que sus apóstoles están turbados al verlo, están desconcertados porque la realidad de la Resurrección es para ellos inconcebible. Creen que ven un fantasma; pero Jesús resucitado no es un fantasma, es un hombre con cuerpo y alma y por esto les dice: “Mirad mis manos y mis pies: -les enseña las llagas -soy realmente yo” .“Tocadme y miradme; un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo” (v 39). Y porque esto no parece bastar para vencer la incredulidad de los discípulos, el Evangelio dice también algo interesante: era tanta la alegría que tenían dentro que no lo podían creer: “¡No, no es posible!, ‘No puede ser!¡Tanta alegría no es posible!”. Entonces Jesús, para convencerles, les dice ¿Tenéis aquí algo para comer? (v 41). Le ofrecieron pescado asado; Jesús lo toma y se lo come delante de ellos, para convencerlos.

        La insistencia de Jesús sobre la realidad de la Resurrección ilumina la perspectiva cristiana sobre el cuerpo: el cuerpo no es un obstáculo o una prisión del alma, el cuerpo está creado por Dios y el hombre no es completo si no está en unión de cuerpo y alma. Jesús que ha vencido la muerte y ha resucitado en cuerpo y alma nos hace entender que debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo. Puede transformarse en ocasión o instrumento de pecado, pero el pecado no es provocado por el cuerpo sino por nuestra debilidad moral. El cuerpo es un don maravilloso de Dios destinado, en unión con el alma, a expresar en plenitud la imagen y semejanza con Él. Por lo tanto estamos llamados a tener un gran respeto y cuidado de nuestro cuerpo y del de los demás.

        ¡Toda ofensa, herida o violencia al cuerpo de nuestro prójimo es un ultraje a Dios creador!, Mi pensamiento va en particular a los niños, a las mujeres, a los ancianos maltratados en el cuerpo. En la carne de estas personas encontramos el cuerpo de Cristo. Cristo herido, burlado, calumniado, humillado, flagelado, crucificado. Jesús nos ha enseñado el amor, un amor que en la Resurrección se ha demostrado más poderoso que el pecado y la muerte y quiere rescatar a todos aquellos que experimentan en el propio cuerpo las esclavitudes de nuestros tiempos.

        En un mundo donde prevalece muchas veces la arrogancia contra los más débiles y el materialismo que sofoca el espíritu, el Evangelio de hoy nos llama a ser personas capaces de mirar en profundidad, llenas de estupor y de alegría grande por haber encontrado al Señor resucitado. Nos llama a ser personas que saben recoger y valorizar la novedad de vida que él siembra en la historia para orientarla hacia los cielos nuevos y la tierra nueva. ¡Que nos sostenga en este camino la Virgen María a cuya intercesión materna nos encomendamos con confianza!
Ciudad del Vaticano, abril 15, 2018.
fluvium.org     

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domingo, abril 22, 2018

IV DOMINGO DE PASCUA (B) Reflexión


Este domingo es conocido popularmente como el domingo del Buen Pastor. Es el mismo Jesús quien se refiere a sí mismo diciendo: Yo soy el Buen Pastor. La imagen del Buen Pastor es la primera que se conoce en la iconografía cristiana. Apareció en una de las catacumbas de Roma.

El evangelio de este domingo presenta varias características que definen a Jesús como buen pastor:

1. El buen pastor da la vida por sus ovejas. Hace menos de un mes celebrábamos la entrega de Jesús a la muerte para darnos vida. Nunca se buscó a sí mismo. Procuró siempre el bien de los demás. Si el mercenario, el que trabaja para el dueño del rebaño, huye cuando ve el peligro, Jesús, el Buen Pastor,  no.

Su amor fue y es tan fuerte, tan sacrificado y tan generoso, que prefirió sacrificar su vida hasta la muerte para que nosotros, sus ovejas, no muriéramos para siempre, sino que tuviéramos vida para siempre.
Fue una muerte dolorosa, pero redentora. Ahora vive, porque resucitó. Y nosotros vivimos por él. 

1. El buen pastor conoce a sus ovejas. Cuando por el campo vemos un rebaño, todas las ovejas nos parecen iguales. Pero el pastor de ese rebaño, cuando el rebaño no es grande, las conoce, en lo que cabe, una por una y distingue unas de otras. 

Y porque las conoce, procura dar a cada una el trato y cuidado que requieren. Sabe cuál es la más lenta, la de más años, la que va a parir, la enferma, la más despistada… Digo en lo que cabe.

Así también Jesús: Nos conoce porque nos ama. Sabe nuestra historia personal, comprende nuestros problemas y debilidades, conoce nuestras aspiraciones y anhelos, está al tanto de nuestros esfuerzos para caminar como creyentes y seguidores suyos… porque camina con nosotros y nos ama.

3. El buen pastor guía a sus ovejas. Es curioso ver cómo es el pastor quien va delante del rebaño, y no
detrás. Ellas le siguen y él las va llevando al lugar mejor para pastar. Camina con ellas, hasta -es un decir- ser parte del rebaño. Si el camino es difícil y duro, lo será también para él. Si el peligro acecha, lo acechará también a él. Nunca las abandona. Le siguen “porque escuchan su voz”.

La Iglesia no es un rebaño en el sentido peyorativo de la palabra. Es una comunidad de seguidores de Jesús. No es una comunidad estática, sino siempre en camino con Cristo caminante con nosotros. Él nos guía con su palabra, con su vida entregada, con su amor, su gracia y su perdón.

Con él no hay pérdida posible. Siguiéndole a él, llegamos al Padre, salvación para todos. Nadie va al Padre sino por mí, dirá. La fe es un caminar nada fácil pero seguro, es un camino oscuro muchas veces, pero luminoso si nos dejamos iluminar por la única luz, fuente de toda luz, que es Jesucristo.  Otro punto:

4. Para formar un solo rebaño con un solo pastor.  Abunda en el mundo -no creo que entre nosotros- el pecado de la división, de la discordia y de la marginación. Abunda el pecado del egoísmo y la soberbia. Tendemos, quizás, a aislarnos y desentendernos de los problemas de los demás, y emprendemos nuestro propio camino. 

El pecado, cualquiera que él sea, es disgregación y ruptura. Ruptura con Dios cuando es grave, y disgregación porque nos manda por otro camino. La tendencia a la separación es quizás más fuerte que la tendencia a la unidad. Por eso necesitamos un guía, un pastor, un líder.

Y este guía, pastor, líder es Cristo. No porque sea el mejor, que lo es, sino porque es el único. No es camino, verdad y vida, sino el camino, la verdad y la vida. No hay otro camino que nos lleve al Padre, no hay otra verdad fuente de toda verdad, y es la vida que alimenta y sacia nuestra hambre y sed de Dios.

Cuando nos reunimos para celebrar la eucaristía, él es quien nos preside. Cuando escuchamos la Palabra, es él quien nos habla y él a quien escuchamos, y “reconocemos su voz”, como dice el evangelio de hoy. Cuando nos ha alimentado y acaba la celebración, es él quien nos envía a nuestro mundo a comunicar vida en su nombre, a ser pastores con él y guiar a quienes no encuentran el camino de la verdad y la vida. Nos envía  a formar un solo rebaño bajo un solo pastor.

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
P. Teodoro Baztán Basterra, OAR.

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viernes, abril 20, 2018

SUTIL TIRANÍA DE LA NORMALIDAD

 Quienes defienden la legalización de la eutanasia suelen invocar al supuesto derecho individual a disponer de la propia vida, o bien a lo que consideran una manifestación de solidaridad social: eliminar vidas que -siempre según ellos- carecen de sentido y constituyen una dura carga para los familiares y para la propia sociedad.

        Sin embargo, parece claro que esforzarse por mitigar el dolor es positivo, pero proponerse eliminarlo por encima de cualquier otro valor, incluso atentando contra la vida de un inocente, es un grave error: el fin no justifica los medios. El ser humano, aun en el umbral de la muerte, conserva toda su dignidad.

        Algunas ideologías desde hace décadas han considerado determinadas dimensiones parciales del ser humano como valores absolutos y, al hacerlo, han generado clamorosas injusticias: así ha sucedido con quienes han construido su visión del mundo exclusivamente sobre la raza, el color de la piel, la clase social, la nación o la ideología. Y algo semejante ha sucedido a algunos con la salud, y les ha llevado a un fenómeno similar. Propugnan un totalitarismo que, en la práctica, decide quién tiene derecho a vivir y quién no; y eso les hace considerarse legitimados para ensañarse con quienes no se corresponden con su patrón de hombre: los deficientes, los enfermos, los ancianos, los moribundos.

        Cuando se pretende dar muerte a los que son débiles o deficientes, para establecer en el mundo una especie de tiranía de la normalidad, ese mundo queda inevitablemente deshumanizado. Hay que luchar contra la deficiencia física y la debilidad, pero los enfermos siempre son seres humanos a los que debemos respetar.

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jueves, abril 19, 2018

AL PARTIR EL PAN


Reconocieron a Jesús al partir el pan.

Se ha señalado con razón que los relatos pascuales nos describen con frecuencia el encuentro del resucitado con los suyos en el marco de una comida.

Sin duda, el relato más significativo es el de los discípulos de Emaús. Aquellos caminantes cansados que acogen al compañero desconocido de viaje, y se sientan juntos a cenar, descubren al resucitado «al partir el pan», término técnico empleado en las primeras comunidades para designar la cena eucarística.

Sin duda, la Eucaristía es lugar privilegiado para que los creyentes abramos «los ojos de la fe», y nos encontremos con el Señor resucitado que alimenta y fortalece nuestras vidas con su mismo cuerpo y sangre.

Los cristianos hemos olvidado con frecuencia que sólo a partir de la resurrección podemos captar en toda su hondura el verdadero misterio de la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Es el Resucitado quien se hace presente en medio de nosotros, ofreciéndose sacramentalmente como pan de vida. Y la comunión no es sino la anticipación sacramental de nuestro encuentro definitivo con el Señor resucitado.

El valor y la fuerza de la Eucaristía nos viene del Resucitado que continúa ofreciéndonos su vida, entregada ya por nosotros en la cruz.

De ahí que la Eucaristía debiera ser para los creyentes principio de vida e impulso de un estilo nuevo de resucitados. Y si no es así, deberemos preguntarnos si no estamos traicionándola con nuestra mediocridad de vida cristiana.

Las comunidades cristianas debemos hacer un esfuerzo serio por revitalizar la Eucaristía dominical. No se puede vivir plenamente la adhesión a Jesús Resucitado, sin reunirnos el día del Señor a celebrar la Eucaristía, unidos a toda la comunidad creyente. Un creyente no puede vivir «sin el domingo». Una comunidad no puede crecer sin alimentarse de la cena del Señor.

Necesitamos comulgar con Cristo resucitado pues estamos todavía lejos de identificarnos con su estilo nuevo de vida. Y desde Cristo, necesitamos realizar la comunión entre nosotros, pues estamos demasiado divididos y enfrentados unos a otros.

No se trata sólo de cuidar nuestra participación viva en la liturgia eucarística, negando luego con nuestra vida lo que celebramos en el sacramento. Partir el pan no es sólo una celebración cultual, sino un estilo de vivir compartiendo, en solidaridad con tantos necesitados de justicia, defensa y amor. No olvidemos que «comulgamos» con Cristo cuando nos solidarizamos con los más pequeños de los suyos.
José A. Pagola

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Acerca de este blog

La Comunidad de Madres Mónicas es una Asociación Católica que llegó al Perú en 1997 gracias a que el P. Félix Alonso le propusiera al P. Ismael Ojeda que se formara la comunidad en nuestra Patria. Las madres asociadas oran para mantener viva la fe de los hijos propios y ajenos.

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